Obispo Cipriano y Pontífice San Cornelio.
Dos amigos que se opusieron a las herejías y blasfemias de su tiempo. Lo que los llevó a morir como mártires.
San Cipriano, obispo
Siglo III
“Memoria de los santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires, acerca de los cuales el catorce de septiembre se relata la sepultura del primero y la pasión del segundo. Juntos son celebrados en esta memoria por el orbe cristiano, porque ambos testimoniaron, en días de persecución, su amor por la verdad indefectible ante Dios y el mundo (252, 258)”.
Cipriano de Cartago, de Meister von Meßkirch.
Nació en Cartago (Túnez) año 200, falleció el 14 de septiembre del año 258 en la misma ciudad. Su nombre original era Thascios; tomó el nombre adicional de Caecilius en memoria del presbítero al que debía su conversión.
Cipriano tenía un origen rico y distinguido. De hecho, su martirio se produjo en su propia villa. La fecha de su conversión al cristianismo es desconocida, pero tras su bautismo en c. 245-248 donó una porción de su riqueza a los pobres de Cartago.
Clérigo y escritor romano, obispo de Cartago (249-58), santo y mártir de la Iglesia. Autor importante del Cristianismo primitivo de ascendencia bereber, muchas de cuyas obras en latín se han conservado.
Recibió una educación clásica. Poco después de convertirse al cristianismo, se convirtió en obispo en 249. Una figura controvertida en vida, sus fuertes habilidades pastorales, su firme conducta durante la herejía novaciana y el brote de la plaga, y eventual martirio en Cartago reivindicaron su reputación y demostraron su santidad a los ojos de la Iglesia. Su hábil retórica latina le llevó a ser considerado como el escritor latino más destacado de la Cristiandad occidental hasta Jerónimo y Agustín de Hipona. La peste cipriana recibe su nombre de él, debido a su descripción de ella.
Poco después de su bautismo fue ordenado diácono, y más tarde presbítero. En algún momento entre julio de 248 y abril de 249 fue elegido obispo de Cartago, una elección popular entre los pobres, que recordaban su caridad, aunque una parte de los presbíteros se opuso a causa de la riqueza de Cipriano, su diplomacia y su talento literario. Además, la oposición en la comunidad de Cartago no se disolvió tras su elección.
San Cipriano desempeñó un papel importante en la historia de la Iglesia y en el desarrollo del pensamiento cristiano en África. Convertido al cristianismo en edad adulta, el santo dedicó todos sus esfuerzos a mantener viva la fe de la Iglesia tras ser decretado la violenta persecución en aquella ciudad.
Los cristianos del norte de África no habían sufrido la persecución durante muchos años. En 250 el emperador Decio decretó la supresión de la cristiandad, con lo que dio comienzo la persecución deciana. Un procónsul enviado por el emperador y cinco comisionados de cada ciudad administraban el edicto, pero cuando el procónsul llegó a Cartago Cipriano había huido.
La huida de Cipriano de Cartago fue interpretada por sus enemigos como cobardía e infidelidad, y le acusaron ante Roma. Roma escribió a Cipriano en términos de desaprobación. Cipriano contestó que había huido de acuerdo al mandato divino. Desde su refugio dirigió a sus fieles con seriedad y entusiasmo, empleando a un diácono de confianza como intermediario.
Cipriano se esconde pero no deja de gobernar, enviando frecuentes cartas a los creyentes, exhortándoles a no apostatar. Cuando cesó la persecución y volvió a la ciudad se opuso a que permitieran regresar a la Iglesia a los que habían apostatado sin exigirles penitencia. Todo apóstata debía hacer un tiempo de penitencia antes de volver a los sacramentos. Esta práctica no era para el bien del penitente que de esta forma profundizaba su arrepentimiento y fortalecía su propósito de mantenerse fiel en futuras pruebas. Esto ayudó mucho a fortalecer la fe y prepararse ya que pronto comenzaron de nuevo las persecuciones.
El año 252, Cartago sufre la peste de tifo y mueren centenares de cristianos. El obispo Cipriano organiza la ayuda a los sobrevivientes. Vende sus posesiones y predica con gran unción la importancia de la limosna.
El año 257 el emperador Valeriano decreta otra persecución aún más intensa. Todo creyente que asistiera a la Santa Misa corre peligro de destierro. Los obispos y sacerdotes tienen pena de muerte celebrar una ceremonia religiosa. El año 157 decretan el destierro de Cipriano pero el sigue celebrando la misa.
El 14 de septiembre de 258 fue apresado por el nuevo procónsul, Galerio. Al día siguiente fue examinado por última vez y sentenciado a morir por la espada.
El cuerpo fue enterrado por cristianos cerca del lugar de la ejecución y sobre él, así como en el lugar de su muerte, se construyeron más tarde iglesias, que, sin embargo, fueron destruidas por los vándalos. Se dice que Carlomagno trasladó los huesos a Francia, y en Lion, Arles, Venecia, Compiegne y Roenay aseguran que poseen reliquias del mártir.
Fuentes:
San Cornelio, Papa
Siglo III.
“En Roma, en la vía Apia, en la cripta de Lucina del cementerio de Calixto, sepultura de san Cornelio, papa y mártir, que se opuso seriamente a la escisión de Novaciano y, con gran espíritu de caridad, recuperó a la plena comunión con la Iglesia a muchos cristianos caídos en la herejía. Padeció al final el destierro a Civitavecchia, en la Toscana, por parte del emperador Galo, sufriendo lo indecible en palabras de san Cipriano. Su memoria se celebra pasado mañana”.
San Cornelio. Papa 21 de la Iglesia católica, sucesor de San Fabián . Este Pontífice fue martirizado en la persecución del emperador Decio en el año 253. Su Pontificado se vio amargado por la rebelión de un hereje llamado Novaciano que proclamaba que la Iglesia Católica no tenía poder para perdonar pecados y que por lo tanto el que alguna vez hubiera renegado de su fe, nunca más podía ser admitido en la Santa Iglesia.
Debido a la violencia de la persecución de Decio, la sede pontifical de Roma estuvo vacante por más de doce meses después del martirio del Papa San Fabián, hasta que el sacerdote Cornelio fue elegido Papa. Sin embargo, los primeros problemas del nuevo Papa surgieron no tanto del poder secular como de las disensiones internas, a pesar de que éstas se derivaban de la misma persecución.
Las persecuciones de Decio habían provocado entre los cristianos un elevado número de apostasías al renunciar a su fe. Estos cristianos apóstatas fueron conocidos como lapsi (que en latín significa «caídos») y provocarían un nuevo cisma durante el pontificado de Cornelio.
En efecto, mientras el papa Cornelio, apoyado por el obispo de Cartago San Cipriano, era partidario de la readmisión en el seno de la Iglesia de los apóstatas, el presbítero romano Novaciano quien fue el primer teólogo en escribir sus tratados en latín, era totalmente opuesto a dicho perdón ya que opinaba que la Iglesia tenía que estar compuesta de santos y por tanto aquellos que hubieran pecado mortalmente tenían que ser excluidos (Novacianismo).
El enfrentamiento de ambas posturas provocó que Novaciano se hiciera nombrar por tres obispos como papa y fundara la Iglesia de los puros (katharoi) que perduraría hasta el siglo VII. Esto hizo que se convocara un sínodo en otoño de 251 en el que se condenó y excomulgó a Novaciano.
En el año 252 las persecuciones contra los cristianos se reiniciaron y Cornelio fue desterrado a Civitavecchia por el emperador Treboniano Galo, quien al parecer le acusó de ofender a los dioses romanos y provocar con ello una epidemia en Roma, fue posteriormente encarcelado y falleció, tras sufrir martirio, en junio de 253.
Fuentes:
San Juan Macías
Siglo XVII.
“En Lima, en el Perú, san Juan Macías, religioso dominico, que, dedicado por mucho tiempo a oficios humildes, atendió con diligencia a pobres y enfermos y rezó asiduamente el Rosario por las almas de los difuntos”.
San Juan Macías nació en Ribera del Fresno, Badajoz, Extremadura, 2 de marzo de 1585 y falleció en Lima, Perú, 16 de septiembre de 1645. Fue un religioso y santo dominico español que evangelizó el Perú a partir de 1620.
Fueron sus padres Pedro de Arcas y Juana Sánchez, por lo que su nombre debió ser Juan de Arcas Sánchez. El cambio de nombre se debe fundamentalmente a que las tierras de pastoreo eran llamadas "las Macías" y a los pastorcitos "los Macías". Por eso es que se le conoce como Juan Macías o Juan Pastorcillo.
Era muy niño cuando sus padres murieron, quedando él bajo el cuidado de un tío suyo que lo hizo trabajar como pastor.
Después de un tiempo conoció a un comerciante con el cual comenzó a trabajar, en 1616 el mercader viajó a América y Juan junto con él.
Llegó primero a Cartagena y de ahí decidió dirigirse al interior del Reino de Nueva Granada, visitó Pasto y Quito, para llegar finalmente al Perú donde se instalaría por el resto de su vida. Recién llegado obtuvo trabajo en una hacienda ganadera en las afueras de la capital y en estas circunstancias descubrió su vocación a la vida religiosa. Después de dos años ahorró un poco de dinero y se instaló definitivamente en Lima.
Repartió todo lo que tenía entre los pobres y se preparó para entrar a la Orden de Predicadores como hermano lego en el convento de dominicos de Santa María Magdalena donde había sido admitido. El 23 de enero de 1622 tomó los hábitos.
Su vida en el convento estuvo marcada por la profunda oración, la penitencia y la caridad. Por las austeridades a las que se sometía sufrió una grave enfermedad por la cual tuvo que ser intervenido en una peligrosa operación. Ocupó el cargo de portero y este fue el lugar de su santificación. El portón del monasterio era el centro de reunión de los mendigos, los enfermos y los desamparados de toda Lima que acudían buscando consuelo. El propio Virrey y la nobleza de Lima acudían a él en busca de consejos.
Fue beatificado por el papa Gregorio XVI, el 22 de octubre de 1837. Canonizado en 1975 por Pablo VI.
Andaba por la ciudad en busca de limosna para repartir entre los pobres. No se limitaba a saciar el hambre de pan, sino que completaba su ayuda con buenos consejos y exhortaciones en favor de la vida cristiana y el amor a Dios.
Murió el 16 de setiembre de 1645.
Los milagros de San Juan Macías.
Multiplicar alimentos, levitar, bilocarse o el don de la sanación son algunos de los prodigios que se le atribuyen a este santo de origen extremeño.
Se dice que fue capaz de comunicarse con la Virgen María en el transcurso de un terremoto. Cuando tuvo lugar el sismo, Juan Macías estaba orando en la capilla de su convento. Mientras todos los monjes huían despavoridos, él ni se inmutó. El motivo: dijo haber escuchado la voz de la Madre de Jesús de Nazaret, que le decía: “fray Juan, ¿A dónde vas? Regresa y estate tranquilo que aquí estoy yo para protegerte”.
Otro de los milagros que supuestamente obró fue la multiplicación de alimentos. Cuando salía a repartir comida a los pobres, aunque tuviera poca comida, dice la tradición que siempre alcanzaba para saciar a todos si el religioso bendecía lo que llevaba en el zurrón. En esta línea, precisamente, se encuentra el milagro que le llevó a la canonización. Tuvo lugar el 23 de enero de 1949 en Olivenza (Badajoz), en plena posguerra española.
Aquel domingo, no había comida en la casa parroquial del municipio para alimentar a todos los pobres del pueblo. La cocinera, Leandra Rebollo, solo tenía una taza de arroz. Se dispuso a poner al fuego aquella cantidad con el fin de alimentar al menos a una o dos personas necesitadas. Mientras encendía el fuego se acordó Juan Macías -pues Leandra procedía igual que él de Ribera del Fresno- pronunciando estas palabras: “Ay beato, hoy tus pobres sin comida”.
La cocinera se ocupó de otros quehaceres mientras se iba cocinando del arroz. Su sorpresa fue mayúscula cuando al volver a la cocina se encontró con la olla rebosante de comida, tanto que se estaba saliendo del recipiente. Dieron aviso del suceso al párroco del municipio, don Luis Zambrano. Tanto él como decenas de testigos observaron durante cuatro horas -de la una a las cinco de la tarde- cómo cuando vaciaban la olla, del fondo volvían a brotar granos de arroz como por arte de magia.
Finalmente, la Iglesia aprobó el milagro y el Papa Pablo VI canonizó a Juan Macías en 1975.
Fuentes:
San Rogelio.
“Nació en Granada durante las persecuciones a los cristianos ordenadas por Abderramán II en el año 852. Siguió su apóstalo como monje en la ciudad de Córdoba, fue capturado junto a su discípulo Servideo, martirizados y decapitados”.
En Córdoba en Andalucía en España, Santos mártires Rogelio, monje anciano, y Servideo (Abdalah), joven, que, venidos de Oriente, fueron condenados a muerte por haber predicado con coraje a Cristo frente a los sarracenos, les fueron, sin ceder en ningún momento, amputadas las manos y pies y al final murieron decapitados.
Vivió en el siglo IX, en la sierra de Parapanda, rodeado de cristianos que se ha habían convertido a la nueva religión (el islam) y núcleos mozárabes que mantenían el cristianismo, situación que a finales de siglo empezaba a ser más complicada de mantener. Esta situación provocaba continuas conversiones de cristianos a la nueva religión, con esto conseguían pagar menos impuestos, y dejar de estar perseguidos, de alguna forma.
Así en el año 852, junto con un monje sirio llamado Servideo, visitaron la mezquita de Córdoba, y dice la leyenda que un viernes (día sagrado para los musulmanes) entraron en la mezquita y comenzaron a predicar el evangelio, lo que provocó que cientos de musulmanes encolerizados les agrediesen y les llevasen a prisión.
De este modo se convirtieron en dos de un total de 48 mártires cristianos ejecutados durante esta época, documentados por San Eulogio de Córdoba, los llamados Mártires de Córdoba.
Después de estos incidentes, ya en prisión, no se retractaron de nada de lo hecho y fueron condenados a muerte el 16 de septiembre. Día que se celebra la onomástica este santo. Las fiestas patronales en honor a San Rogelio se celebra el 16 de agosto, porque por razones históricas, el 16 de septiembre, la mayoría del pueblo migraba a la vendimia, y se buscó una fecha donde todo el mundo pudiese rendir homenaje a este personaje, el patrón del pueblo. El 16 de Septiembre es festivo en su pueblo natal, se celebra la onomástica, después de la Santa Misa en su honor, a hombros del cuerpo de costaleros de la hermandad Patronal, recorre las calles, rodeado por una multitud de personas.
San Rogelio es el patrón de Íllora. Cuenta la historia de la localidad que fue un monje mártir, con nombre de origen germánico, que se piensa que proviene de los vocablos Hrodgaer (Victorioso y despierto) o Hrod-gair (Famoso por la lanza) patrón del municipio de Íllora (Granada).
Fuentes:
Viñeta de Humor.
Conociendo a nuestros humoristas.
Andrés Rábago García, El Roto, es un dibujante satírico e historietista, humorista gráfico español. Es considerado como uno de los humoristas gráficos españoles más importantes.
Refraneando que es gerundio:
“Por San Cipriano, castaña en mano”.
“Lluvia por San Cipriano, quita mosto y no da grados”.
“Por Santa Rogelia, salta la siesta que empieza la escuela”.